martes, 1 de marzo de 2016

Arne y Periscope, simplemente un caso de interés público.

Cuando se pone en el debate el tema de la vigilancia con cámaras no puedo evitar recordar 1984 y predisponerme a estar en contra casi de forma  dogmática. Pienso en mis ideales en torno a la ética,  y en mi romántica idea de que el ser humano es capaz por convicción propia de vivir en armonía con sus iguales. Sobre todo reniego del autoritarismo y de los peligros de la cancelación absoluta de la libertad y autonomía moral del individuo por parte de quienes se sienten con la autoridad a todas luces ilegítima de vigilar el alma de los “incorregibles” seres  humanos.

No obstante me sorprendió mi predisposición a defender a Arne y asegurar desde el primer momento, que era válido el uso de redes sociales como Periscope tal como lo había venido haciendo el City Manager de la Miguel Hidalgo.

Muchos nos indignamos ante las declaraciones de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. Como es cotidiano, parece que se trata de proteger al delincuente y de satanizar a quienes intentan hacer bien las cosas.  Pero es cierto, existen muchos peligros colaterales por el uso de  una red social para evidenciar lo que a los ojos de todos parecen pruebas claras de corrupción e impunidad. Los temas que giran alrededor son básicamente la presunción de inocencia, protección de datos personales, derecho a la privacidad, protección a la imagen, derecho a la honra….  

Entiendo que en todo momento las autoridades deben velar por la protección y garantía de estos derechos, pero para empezar, si no queremos que sea objeto del escrutinio público algún asunto relacionado con nuestra persona, con nuestra vida privada como lo mencionaba hace unos días Gabriel Guerra del Universal, no vamos al espacio público a violentar las normas colectivas que hemos acordado seguir para vivir en armonía.

A lo que voy con esto es que estamos hablando de un asunto público. Personas como @DeniseDresserG hablan de los peligros de que sea una autoridad quien haga esto a ciudadanos, que los ciudadanos hagan esto a la autoridad no importaría mucho según ella, pero aquí estamos olvidando lo que es en sí la autoridad. Seguimos anclados en el debate de que ciudadanos y autoridades públicas son una cosa completamente distinta, dicotómica, incluso entidades eternamente irreconciliables. Pero no es así, la autoridad, no es más que una extensión de los ciudadanos. La autoridad es la persona, su nombre lo dice “autorizada” para ejercer una función en representación de los dueños originarios de la soberanía, es decir, de los ciudadanos.

Me parece que a estas alturas las redes sociales y el uso de tecnología deben servir precisamente para hacer realidad el sueño democrático de poner todos los asuntos al ojo del escrutinio público. La vida cotidiana hace imposible que todos estemos metidos e involucrados en todos los asuntos públicos. Periscope permite ejercer de forma indirecta una función pública completamente legítima para cualquier ciudadano. Me parece así una verdadera limitante que una persona en su calidad de autoridad esté impedida para denunciar una irregularidad ante quienes son los responsables directos de la soberanía que ejerce. Es decir, que los ciudadanos no puedan seguir en vivo el ejercicio de una atribución pública. Al respecto, resulta importante recordar lo que señala el artículo 7° constitucional:


"Es inviolable la libertad de difundir opiniones, información e ideas, a través de cualquier medio. No se puede restringir este derecho por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares, de papel para periódicos, de frecuencias radioeléctricas o de enseres y aparatos usados en la difusión de información o por cualesquiera otros medios y tecnologías de la información y comunicación encaminados a impedir la transmisión y circulación de ideas y opiniones".

Pensemos en lo ocurrido, ¿qué hizo Arne? Ir a verificar que se infraccionara a quienes estaban cometiendo arbitrariedades en la vía pública. Esto lo hizo al momento que usaba Periscope. Esta tecnología en términos llanos permitió solamente que Arne fuera acompañado por ciudadanos interesados en ese momento a ejercer su cargo público, ni más ni menos. Ciudadanos que tienen todo el derecho de pedir cuentas a sus autoridades, de emitir juicios (verdaderos o falsos), y hacer en síntesis, escrutinio de un asunto a todas luces público. Nadie se metió en la vida privada de quienes con todo descaro insultan a servidores públicos que simplemente buscan hacer respectar el pacto social que todos estamos comprometidos a seguir.

Estamos ante la posibilidad de que las redes sociales nos permitan generar más espacios para el debate y el escrutinio público. Si, esto tiene su riesgo como lo temían los griegos. La masa no siempre tiene la razón y es posible que una tiranía de la mayoría juzgue sin razón a un inocente. Puede ser. Pero no por ello vamos a impedir que la tecnología nos ayude a ejercer tareas públicas que ameritan no tenerle miedo a la muerte como los guardianes de la República de Platón. ¿Quien se atrevería a hacer esto sin un ojo acompañante? 

Por ello debemos de fortalecer las otras aristas del debate y sistema democrático. Derecho de réplica, acceso igualitario a la justicia. Al final de cuentas, los jueces deberán ser quienes decidan en el caso concreto respecto de la inocencia o culpabilidad de los imputados. El punto aquí es que mientras estemos hablando del espacio público no habría porque  haber una prohibición para el uso de redes sociales. Si Arne usara Periscope para evidenciar casos que únicamente atañen a la vida privada de los ciudadanos otra cosa sería, pero si no queremos ser quemados justa o injustamente por Periscope, simplemente no actuemos con total desdén hacia las reglas colectivas que todos estamos obligados a cumplir.



lunes, 15 de febrero de 2016

Sobre el Papa y el Estado laico, algunas reflexiones

"Se trata de que la Ilustración reflexione por sí misma, si se quiere que los hombres no sean traicionados por entero"
Adorno y Horkheimer

No me malinterpreten, por su puesto que estoy a favor del Estado laico, pero creo que hay que dejar de concebir al ciudadano como menor de edad a propósito de quienes se rasgan las vestiduras por la exhibición simbólica de políticos frente al papa. Hay varios temas aquí, pero uno de los más importantes tiene que ver con la cancelación de la espiritualidad como una de las más devastadoras consecuencias de la modernidad. La aspiración de derrumbar el fanatismo religioso de la Ilustración, culminó en la mitificación de la ciencia y de la economía de mercado como las salvadoras del ser humano, y de la única vía para el progreso. Así el consumismo frenético sustituyó el vació de espiritualidad. Por ello, la pretensión de un lenguaje neutro en lo público, no necesariamente es garantía de racionalidad, tal vez sin darnos cuenta, incluso contribuye a la devastadora instrumentalización de la razón de nuestra sociedad de consumo. 

Desde mi punto de vista hay que ir transitando por dos vías. Dos lentos pero necesarios procesos de aprendizaje. El primero tiene que ver con dejar que el ciudadano se forme su propia opinión sobre el circo de lo que equivocadamente nombramos como "política". Para empezar, no todos los mexicanos se interesaron por la visita del papa, ni todos los católicos son unos fanáticos incapaces de distinguir entre sus convicciones religiosas y las cuestiones electorales. Empecemos a romper el mito de que la religión hace estúpidas a las personas, en todo caso no es la religión sino los dogmas los que impiden la libertad de pensamiento. Los dogmas además no sólo forman parte de las iglesias, sino que también se arraigan en todo tipo de discursos, incluso de laicos y progresistas, quienes finalmente convierten sus nobles intenciones en ideologías políticas. 

Ahora respecto de aquellos ciudadanos que nos causan preocupación porque su religiosidad puede ser y ha sido manipulada por el pragmatismo político, no creo que la solución en todo caso sea censurar o prohibir la manifestación de preferencias religiosas por parte de los líderes políticos. Por el contrario, la solución tendría que ir en fomentar su pensamiento crítico y eso no es posible con censura, acallando cualquier discurso religioso. Por el contrario, mientras más exhibición hagan los políticos de sus preferencias religiosas y más abierto dejemos el espacio público para el debate y la crítica, más posibilidades habrá de que cada ciudadano, por más católico que sea, se obligue a pensar frente a tan apasionado debate. Cualquier ciudadano tiene derecho a exponerse a todo tipo de discurso, pues sólo el choque de ideas producto de la pluralidad y de la contradicción puede despertar su inconformidad con un tipo de discurso en particular. 

Aunque sea lento el aprendizaje, los ciudadanos más expuestos a la manipulación deben poder darse cuenta por ellos mismos de la nauseabunda actuación de quienes usan la religión a cambio de votos. La pregunta que nadie quiere hacer y mucho menos resolver es ¿cómo? No debe tomarse a mal pero debemos de empezar a incluir no sólo a abogados y economistas en las instituciones de gobierno. Deberíamos empezar a incluir a pedagogos, historiadores, sociólogos y sobre todo a filósofos, en el diseño de políticas públicas orientadas a mejorar la educación cívica. Las estrategias punitivas y coercitivas no han funcionado en un país con mentes tan creativas para encontrar siempre el hueco en la Ley. 

La segunda senda debe recorrerse en torno a la ética pública. Si por un lado nada de esto ocurría con ciudadanos con suficiente criterio como para despreciar la nefasta estrategia de comunicación política del priismo, lo cierto es que tampoco ocurría nada y la libertad de expresión podría sobrevivir en un mundo tan complejo, si actuar con ética fuera más valorado en nuestra sociedad. Para empezar, poco se comprende sobre la ética. A bote pronto se piensa que es el clásico choro de "portarse bien". Pero no es así de simple. La ética tiene que ver con la convicción personal de seguir ciertos principios o ideas sobre el bien, independientemente de la coacción de una norma o autoridad. Creo que debemos de ir imaginando y pensando a fondo cómo se genera esta convicción. No podemos seguir pensando que resolveremos todo a base de premios y castigos. Debemos empezar a transitar por los caminos de la ética, pero si ni siquiera lo podemos imaginar, mucho menos seremos capaces de pensar en cómo volver la ética el valor supremo de nuestra sociedad. 


Estoy a favor de todo el debate que ha habido sobre el Papa y el Estado Laico, que cada quien se forme su propio criterio. Con lo que no estoy de acuerdo, y lo puedo advertir del discurso "laico",  es con la absurda e irreal intención de buscar estrategias jurídicas para pretender la "neutralidad" del lenguaje público en materia de religión. 

El peligro de lo anterior es que cualquier forma de espiritualidad, simbolismo o cosmovisión más allá de la visión cientificista y cerrada del mundo, quede fuera ahora sí de lo que en verdad es la política. Como Hannah Arendt lo diría, la capacidad de estar los unos, con los otros, de los diversos, por más que el catolicismo de nuestras autoridades nos parezca una ficción. 


miércoles, 23 de abril de 2014

La doble moral del "libre pensador"..

"La humanidad tiene una moral doble: una que predica y no practica, y otra que practica y no predica"
Bertrand Russell


Reproducimos sin fin aquello que condenamos en los otros. Es interesante observar detenidamente las reacciones de ciertos quienes defienden ideas tan trascendentes como la libertad, la paz, la fraternidad, la dignidad y el respeto, cuando alguien entra en abierta contradicción con sus métodos.

A continuación unos breves ejemplos de lo que hacemos sin parar:

Buscamos la paz pero somos incapaces de ser amigos de quienes piensan distinto. Cualquier oposición lo asumimos como una guerra, como un ataque.  Queremos que se respete nuestra libertad, pero si alguien irónicamente de forma libre hace algo contrario a nuestra idea de libertad lo consideramos alienado y estúpido, sometido al materialismo y a las banalidades.

Creemos en la libre expresión y en el respeto de las ideas, pero si alguien dice algo contrario a nuestros ideales le rompemos el espíritu diciendo que es un estúpido por pensar distinto. Lo negamos, lo flagelamos, lo apartamos y discriminamos.

Nosotros como ateos/agnósticos  y libres de pensamiento podemos decir lo que queramos y ninguna autoridad puede limitarnos, pero cuidado que algún religioso hable en la esfera pública porque no tiene ningún derecho de hacerlo. El libre pensamiento se limita paradójicamente ante cualquier reflexión teológica por muy filosófica que sea. Es imposible que se emita un discurso religioso en la vida pública porque aunque creemos en la libertad, los "alienados" no son libres para discriminar por sí solos un discurso manipulador.  Creemos en el respeto y en la dignidad humana pero aprovechamos cualquier espacio para insultar a quienes piensan distinto. Obviamente el gobierno, la autoridad y quienes "están" --en aquella limitación mental de posicionamiento-- "arriba" no tienen ninguna clase de dignidad.  Creemos en el arte pero es basura lo que no se adapte a nuestra manifestación artística contrasistema, lo demás está vendido, ciego, comprado por intereses. 

Queremos la fraternidad pero sólo somos hermanos de quienes coinciden con nuestra pluma. Quienes no alzan la voz son unos agachados, conformistas, culpables de los problemas sociales.

Nos quejamos de los estereotipos, pero  si alguien prefiere ver el fútbol o ver telenovelas en automático es un alienado.

Somos intelectuales porque criticamos sin parar lo establecido, los demás son intelectuales orgánicos, ciegos, retrogradas, conservadores. 

Hasta que no reine e impere nuestra idea acerca de cómo debe funcionar el debate democrático, es decir, hasta que paradójicamente no se instaure una sola idea de verdad acerca de cómo deben ser las cosas, todo lo demás será inevitablemente una lucha incesante en contra del "autoritarismo". 

Si en un acto violento salen heridos policías, ellos no importan, no tienen dignidad ni derechos humanos por obedecer el autoritarismo. Las víctimas son sólo los luchadores de verdad. La sangre tiene un único culpable. 

No existe verdad absoluta y menos la que quieren imponer desde lo alto, pero si alguien nos contradice está en el completo error. Porque el error absoluto si existe. 

Queremos paz, pero no sabemos qué es, ni cómo se cosecha, queremos fraternidad pero no dejamos de catalogar como enemigos a quienes piensan distinto, creemos en la libertad de pensamiento pero no soportamos que alguien no defienda nuestra causa. 


Nos gusta ser las víctimas y es divertido la guerra, pero es tiempo de dejar a un lado el ego, somos la misma y única cosa, humanos destinados a compartir el mismo suelo, a cosechar los mismos frutos… es lastimosa toda división. 

jueves, 5 de diciembre de 2013

Las reformas político electorales en México, la anhelada Torre de Babel…



En ese entonces se hablaba un solo idioma en toda la tierra. Al emigrar al oriente, la gente encontró una llanura en la región de Sinar, y allí se asentaron.  Un día se dijeron unos a otros: «Vamos a hacer ladrillos, y a cocerlos al fuego.» Fue así como usaron ladrillos en vez de piedras, y asfalto en vez de mezcla.  Luego dijeron: «Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la tierra

Génesis 11:1-4

Más allá de las cuestiones jurídicas y técnicas, me parece que el problema de la reforma política, aprobada ya prácticamente por ambas cámaras del Congreso de la Unión, es el retroceso, o más bien, el eterno olvido o desconocimiento de lo que significa la legitimidad, la construcción de confianza o el desarrollo de la cultura cívica. El problema jamás observado de la superestructura, del agente, de la conciencia, de la autonomía, del ejercicio pleno de la libertad.

Sí,  ahora el nuevo INE, “podrá” hacer o no hacer distintas cosas dentro del ámbito federal y local, habrá reelección legislativa y nulidad de la elección por rebase de topes de gastos de campaña. Habrá nuevos consejeros “puros e inmaculados”, no sólo en el centro del país, sino en todos los estados.  Sin embargo, desde mi punto de vista, estas complejidades técnicas (ni siquiera el cambio de nombre) representan en sí mismas el problema de fondo. Cada reforma política, cada ocurrencia llevada a cabo por los legisladores ha sido aplicada eficazmente por los consejeros ciudadanos en turno y por el cuerpo de profesionales que integran el servicio profesional electoral. Asimismo, cada jornada electoral ha sido llevada a cabo por todos los ciudadanos que votan y que fungen como funcionarios de casilla.

Por ejemplo, la reforma en materia de comunicación política fue aplicada eficazmente. Es un hecho innegable que los spots son pautados y efectivamente transmitidos bajo los tiempos del Estado en cada una de las estaciones y canales de radio y televisión del país. Sin embargo, la presa construida se desbordó en las rechazadas campañas de spotización y en un mercado negro para la compra de otros formatos de radio y televisión.

El problema de fondo con esta nueva reforma, estriba en que se tira prácticamente a la basura todo el trabajo logrado a lo largo de 22 años, no sólo para organizar las elecciones, sino para generar y construir real legitimidad y confianza en la renovación de los poderes públicos, tarea lamentablemente jamás lograda a plenitud. Pero pocos se ocupan de ello.

Desde mi punto de vista los legisladores no supieron cuando era el momento de parar, de dejar de diseñar la estructura que tendría que sostener a la democracia. Dejar de intentar construir la Torre de Babel que sólo ha traído, como su nombre lo indica confusión.  

Cada proceso electoral, se tenía que implementar un nuevo diseño, una nueva ingeniería para que “ahora sí” fueran completamente confiables las elecciones. Para que todos estuvieran tranquilos. La raíz del árbol en cada proceso electoral quiebra la banqueta diseñada por los legisladores, y no se dan cuenta que lo que necesita el árbol no es una mejor banqueta, sino dejarlo crecer sin tantas ataduras, sin tantas limitaciones.

La democracia de este país es tratada como un joven que tiene que rebelarse porque sus padres no lo dejan hacer absolutamente nada. Cada vez que el joven intenta huir del encierro de sus padres, de lograr alcanzar su felicidad por otras vías, los padres ponen más candados a las puertas de la casa para evitar que el rebelde se salga de nuevo, y lo que no pueden ver, es que el joven siempre será más astuto que los padres para ser libre…. Lo peor es que ahora también pretenden corregir a quienes ni siquiera son sus hijos, invadiendo la soberanía de cada entidad federativa.

Lo que quiero decir es que no sabemos en este país como resolver la cuestión pedagógica para la construcción de ciudadanía, no sólo de ciudadanos en sentido estrictico, sino de todos los ciudadanos en sentido amplio: partidos políticos, medios de comunicación e incluso de los mismos legisladores. Hemos construido a lo largo de 22 años una democracia sin interesarnos en construir demócratas para que la habiten, pero seguimos creyendo que el problema es la democracia, la forma en cómo la hemos construido desde el pacto fundacional de la república federal. No nos hemos ocupado de los demócratas, no hemos puesto atención en ellos. Nosotros mismos somos más y más intolerantes y autoritarios al no dejarnos realmente escuchar al otro.

Hoy los legisladores destruyeron la casa de la democracia, la cual por cierto tenía todos los candados que alguien pudiera imaginar, para evitar que sus supuestos rivales, y en realidad hermanos antes que hijos, se escaparan de ella para crear una “supuesta mejor fortaleza”.

¿Acaso no les parece extraño que las mejores democracias del mundo dejen incluso la puerta abierta de la democracia? ¿No les parece extraño que a diferencia de México, la casa de la democracia en otros países ni siquiera está construida con cemento, sino con papel? ¿o que incluso es sólo una casa imaginaria?

Me parece que ninguno entendemos o podemos comprender la verdadera razón por la cual se decidió llevar a cabo esto. ¿Corrupción en los institutos electorales locales? ¿Dónde están las pruebas? ¿Qué hay en el fondo?

El nuevo INE no resolverá por sí mismo el problema de confianza y legitimidad jamás lograda a cabalidad en este país aunque pueda organizar a la perfección todos los procesos electorales federales y locales si no paramos en construir esta absurda fortaleza. Mucho menos si no se construyó con el consenso de todos los partidos políticos. Se construyó y  se encerró en la nueva fortaleza de la democracia a 5 de 7 de sus habitantes. El interés de uno es completamente incierto, el interés del otro parece ser un factor completamente económico, los otros ni siquiera saben que están obligados a vivir en ella.

En fin, veintidos años intentó una institución consolidar la democracia en México buscando cerrar el vicio de la desconfianza e intentando dotar de legitimidad a los representantes del derecho originario de soberanía. Ahora para intentar lograr de nuevo algo similar, tendremos que esperar a que vuelva a quedar la casa tan anhelada otra vez edificada. Tendremos que esperar a ver si un día podemos contemplar la Torre de Babel por encima de las nubes…

miércoles, 7 de agosto de 2013

¿Legalización de la marihuana en el DF?


La libertad del hombre en sociedad consiste en no estar sujeto a ningún poder legislativo sino aquél establecido por consentimiento en el seno del Estado, ni bajo el dominio de ninguna voluntad o la restricción de ley alguna, excepto aquellas dictadas por el poder legislativo según la misión a él confiada. La libertad, entonces, no es lo que sir Robert nos dice: “Una libertad para que cada uno haga lo que quiere, viva como le plazca y no esté atado por ninguna ley”; sino que la libertad de los hombres sometidos a un régimen de gobierno consiste en tener una norma para vivir según ella; norma común a todos los miembros de esa sociedad y hecha por el poder legislativo en ellas establecido. Una libertad que me permita seguir mi propia voluntad en todas las cosas sobre las cuales la ley nada prescribe, no estar sometido a la voluntad inconstante, incierta, desconocida y arbitraria de otro hombre, pues la libertad natural consiste en no estar bajo otra restricción que la impuesta por la ley de naturaleza.


Pues la ley, rectamente entendida, no es tanto la limitación como la orientación de las acciones de un agente libre e inteligente hacia su propio interés y no prescribe más de lo que es necesario para el bien general de quienes están sujetos a ella. Si los hombres pudieran ser más felices sin ella, la ley se desvanecería como cosa inútil. Mal podríamos dar el nombre de limitación a aquello que nos protege de andar por pantanos y precipicios. De manera que, por malentendidos que haya, el fin de la ley no es abolir o restringir, sino preservar y aumentar la libertad. Allí donde hay seres creados capaces de regirse por la ley, si no hay ley no hay libertad. Pues la libertad consiste en estar libre de las restricciones y violencias de los demás –lo cual no puede lograrse donde no hay ley- y no, como se nos ha dicho, “la falta de impedimentos para que cada hombre haga lo que quiere. Pues ¿quién sería libre si el humor de cualquier otro hombre pudiera dominarlo?” La verdadera libertad es que cada uno pueda disponer de su persona como le plazca, así como de sus acciones, posesiones y propiedades dentro de lo que permiten las leyes a las cuales está sometido, evitando de este modo estar sujeto a la  voluntad arbitraria de otro y siguiendo libremente la propia.


Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil, John Locke



Al parecer se debatirá la posibilidad de la legalización y/o despenalización del uso de la marihuana en el DF. En automático un sin fin de opiniones se han manifestado al respecto.

Ayer escuchaba por ejemplo una entrevista que le hacían a Miranda de Wallace, ex candidata a la jefatura de gobierno del DF, en la que se manifestaba totalmente en contra de esta posibilidad. Sus argumentos se concentraban en lo que la mayoría de quienes están en contra señalan:

-Legalizar la marihuana aumentará en automático su consumo.
-No se debe atacar el problema secundario de la violencia, sino ir al fondo del asunto: la educación.
-Muchos políticos defienden esta posibilidad en el discurso para verse "progresistas", para estar a la "moda".
-Con esto aumentará la violencia, no disminuirá.
-Etc.

Y pues bueno, este tema como muchos otros entra en los temas límite o frontera. En este caso el asunto en cuestión desde mi punto de vista está en los límites que tiene o no el Estado respecto a la libertad del individuo.

A la mente se me viene de inmediato una célebre frase de John Fitzgeral Kennedy, "la democracia es una forma superior de gobierno, porque se basa en el respeto del hombre como ser racional". ¿Qué quiero decir con esto? Algunas premisas sobre la razón de ser y los límites del Estado, pensándolo desde un tipo de régimen que defiende y respeta la libertad, razón y voluntad del individuo para hacer  lo que mejor considere, (ojo) siempre y cuando por supuesto no interfiera en la libertad de los demás o los dañe.

Empecemos con definir una postura en torno al eterno debate de si existe o no lo bueno y lo malo, o la moral per se. Quienes quisieran de inicio catalogar el uso de la marihuana como malo per se van a encontrar muchos tropiezos al respeto y muy poca legitimidad en la autoridad del Estado para prohibir algo así. Ya es sabido por todos que la marihuana es mucho menos nociva que otro tipo de narcóticos como el cigarro y el alcohol. Esto por el lado técnico, científico, pero por otro, en términos filosóficos, nuestro pensamiento racional no nos permite tener la certeza absoluta sobre alguna categoría moral. Hace mucho que se destruyeron este tipo de autoridades falsas. Nietzsche decía entre otras cosas, que "los pensamientos sobre los prejuicios morales, si no son prejuicios de prejuicios, implican una ubicación fuera de la moral, llegar a un más allá del bien y del mal que exige subir, trepar, volar. El problema radica en saber si podemos llegar a semejante altura". "Los cerebros filosóficos se distingue de los demás porque no creen en lo atinente al significado metafísico de la moral".

En ese sentido, y dado que en términos estrictos el uso de la marihuana por un ser racional, tal como se define de alguna forma en los Estados de hoy (individuos que han cumplido 18 años de edad en países como México) sólo afecta a quien lo usa (esto es cuestionable, lo se, pues las sustancias que alteran los sentidos pueden alterar la percepción del individuo y su comportamiento con los otros) en términos estrictos el Estado no tendría ninguna legitimidad real para prohibirla. En todo caso podría limitar su uso, al igual que con el alcohol, a su uso en propiedad privada o en establecimientos comerciales como bares o cafés.

¿Por qué tendría que ser así?, porque empezamos el debate aceptando que el Estado es un artificio humano, a diferencia de lo que pensaban hasta lo que conocemos como la modernidad. La creencia hasta hoy difundida de que el hombres es un animal político por naturaleza no puede aceptarse a la ligera, pues esto presupone que Dios, la naturaleza o una fuerza superior crea el Estado para que los hombres vivan armónicamente. Bajo este supuesto, las leyes del Estado ya están determinadas por la propia naturaleza y el hombre sólo tiene que leer estas leyes, interpretarlas. Por esto muchos religiosos creen tener razón al suponer que la prohibición del Estado sobre el uso de las drogas sigue los preceptos directos de Dios.

Pero no, aquí defendemos la idea de que el Estado es creado por el acuerdo de los hombres. Los hombres y mujeres en su calidad de mortales, de lo que diría con tanta poesía Hobbes, de imitadores del arte de Dios en la naturaleza, tienen que ponerse de acuerdo sobre lo que en un determinado momento considerarán como prohibido o no por el Estado bajo el supuesto de que en realidad todos son libres e iguales, y el Estado sólo debe servir como el árbitro de esta libertad e igualdad. En este supuesto todos aceptan que nadie es portador de la verdad absoluta, ni autoridad por designio directo de Dios, y por ello se fijan como límite al poder el Estado la libertad de los hombres para hacer con su vida lo que quieran siempre y cuando no altere la libertad de los demás.


No hay nada a que un hombre no tenga derecho por naturaleza; solamente se aparta del camino de otro para que éste pueda gozar de su propio derecho original sin obstáculo suyo, y sin impedimento ajeno. Así que el efecto causado a otro hombre por la renuncia al derecho de alguien, es, en cierto modo, disminución de los impedimentos para el uso de su propio derecho originario. (Hobbes)

Es decir, el debate de la marihuana entra en el fondo en el debate de la naturaleza y límites legítimos del Estado. A pesar de que podría ser legítima la prohibición de la marihuana en un Estado como el mexicano, dado que una mayoría de legisladores así lo determinaron en su momento en un código penal, en realidad se debe ponderar que a pesar de la legitimidad de la teoría de la representación, en el fondo de las cosas, los legisladores no pueden prohibir cualquier cosa porque sí. "En fin, es una convención fútil y contradictoria estipular de una parte una autoridad absoluta y de la otra una obediencia sin límites" (Rousseau).  Es decir, en realidad no podrían decidir legítimamente prohibir que una persona pueda por ejemplo comprar un coche, salir del país, vestirse de una determinada manera etc., dado que el límite esencial del Estado y su razón de ser es siempre la protección de la libertad del individuo. En ese sentido, hasta el absolutista Hobbes dijo que cuando el Estado va en contra de los principios de los cuales fue creado es legítimo desobedecer.

Es decir, mientras no existe un estudio que con certeza absoluta nos compruebe que el uso de la marihuana por una persona afecta la libertad de los demás habitantes de un Estado, no existe una legitimidad del Estado para prohibirla. Esta prohibido el asesinato porque es evidente que va en contra de la vida, libertad y seguridad de los otros seres humanos, lo mismo que otro tipo de delitos como el robo, la violación y el secuestro. El Estado por ello siempre tendrá la obligación de prohibirlo y de garantizar el castigo de quienes comentan estos crímenes.

En fin, la reflexión anterior es un análisis, lo acepto, muy limitado sobre un tema de tanta complejidad. Sin embargo intenta explorar un camino más en el debate.

Debemos intentar también profundizar en cuestiones como la violencia que genera la venta ilegal de marihuana, en el problema que se tiene que afrontar de evitar que menores de edad hagan uso de este tipo de drogas. Del problema inherente a la violencia por la venta de armas. Los legisladores no deben tomar este tema a la ligera, deben estudiarse las experiencias de países como Holanda y Uruguay en dónde esto es legal. Por último debe también profundizarse en una pregunta elemental ¿Por qué el uso de drogas? ¿Existirá un vació en las sociedades que debe llenarse con esto? ¿o sólo es una moda o un modo de recreación?

El punto que yo defiendo es la autonomía, individualidad, voluntad y libertad de los seres humanos de ser y de los límites del Estado al respecto. Yo en particular no hago uso de la marihuana, pero si hago uso de la libertad y de la voluntad y defiendo el derecho de otros para hacer con sus vidas lo que deseen.








martes, 22 de marzo de 2011

Reflexión sobre la tolerancia: La adopción de menores por parejas del mismo sexo desde los argumentos de John Locke y el “Poder Paternal”.

Hace muchos años acudí al curso de un diplomado que imparte el TEPJF en un partido político nacional. El curso era sobre “Régimen democrático”.

Uno de los contenidos de este curso, era sobre los elementos indispensables para considerar a un régimen como democrático, y uno de ellos era la existencia de la pluralidad.

¿Pero qué se entiende por pluralidad? La pluralidad es la diversidad de características ya sean físicas o espirituales que existen entre los individuos. Es lo que nos hace a los hombres diferentes. Un régimen es democrático cuando reconoce esta pluralidad, y no permite acciones discriminatorias que atenten contra ella. Si un Estado no permite, por ejemplo, que las mujeres participen en las elecciones, o que determinados grupos raciales tampoco lo hagan, no puede considerarse al régimen de dicho Estado, como democrático.

Por eso se llegó a la conclusión entre los asistentes del curso, que la tolerancia era uno de los valores fundamentales de la democracia. No obstante, se elevaron los ánimos cuando entró en el debate, el tema de la adopción en parejas del mismo sexo.

Una de las participantes mantenía la opinión de que esto no debía permitirse, puesto que para ella, el hogar de una pareja del mismo sexo, no es un lugar propicio para el desarrollo de un niño.

El ponente del curso tenía la idea contraria, puesto que en su opinión, el sexo no determina el que un niño crezca bien o mal.

Ambos parecían defender su opinión de forma respetuosa, y el ponente terminó su participación diciéndole a la asistente que le dejaba su opinión sólo “para que pensara al respecto”.

Mi reflexión comenzó cuando una de mis compañeras me comentó, al tener la misma opinión del ponente, que ella le hubiera dicho “piensa”, haciendo alusión a la aparente intolerancia de la asistente. Ese “piensa” parecía en si mismo un acto de intolerancia por parte de mi compañera.

Fue entonces que tomé la siguiente postura: No se puede ser intolerante con alguien cuando tiene una opinión contraria a la nuestra, puesto que su opinión,  puede ser completamente válida.

Mi compañera me preguntó que cómo se podría ser tolerante con los intolerantes. Para ella esto implicaba una absurda contradicción. Yo respondí que ser intolerantes con los intolerantes era la contradicción, puesto que si se busca fomentar la tolerancia, no se le puede fomentar con intolerancia. Es como querer fomentar la paz con la violencia.

Finalmente pudimos concordar en este punto, pero aceptamos la dificultad que esto implicaba en la práctica. Es muy difícil ser pacientes con los que piensan distinto a nosotros.

¿Pero que tal si ese otro con el que intentamos ser pacientes, finalmente tiene razón? Fue en este punto que me puse a pensar sobre la adopción de menores por parejas del mismo sexo. ¿Podría tener razón la asistente del curso que estaba en contra de la adopción de menores?

Yo defendía que toda opinión puede ser válida aun cuando a nuestros ojos, alguna opinión pueda parecer negativa, y recordé los argumentos de John Stuart Mill con respecto a la libertad de expresión, más específicamente a la libertad de opinión que explica en su libro Sobre la Libertad.

Como nadie es el portador de la verdad absoluta, nadie puede estar seguro de que su opinión sea la verdadera. Esto, no por el hecho de que exista o no exista la verdad absoluta, sino por el hecho de que los hombres, a pesar de tener una condición de seres racionales, tienen una evidente limitación, y simplemente no pueden llegar a un conocimiento total de las cosas.

No existe alguna forma en la que alguien pueda asegurar con su simple condición mortal, que tiene el conocimiento verdadero de todas las cosas. Yo, aunque crea firmemente que Dios existe, no puedo comprobar de ninguna forma que esto sea absolutamente verdad bajo mi simple autoridad de hombre, y por lo mismo, nada me capacita a mí, a obligar a otro a creer que Dios existe.

Esto lo argumentó excelentemente Mill y de hecho fundamentó el porqué es mejor que cada hombre llegue por si mismo a la verdad. La verdad sólo puede ser comprendida en su condición de verdad por la experiencia personal de los hombres. Es decir, no sirve de nada que haga creer a los hombres una verdad si ellos en un proceso personal no pueden llegar a experimentar dicha verdad. La verdad no se expresaría así en todas sus dimensiones.

Por esto, enojarse porque alguien piensa diferente, aun cuando pueda ser una opinión “completamente retrograda” no es válido. Mill llegó a la conclusión de que sólo podemos intervenir en el otro por medio del consejo o la plática, nunca se puede forzar a alguien a creer una opinión. Mucho menos cuando desde el punto más extremo, la opinión que queremos defender no puede ser considerada como la verdad absoluta.

Esto no quiere decir que debemos caer en un completo relativismo. Sino que debemos guardar cierta reserva en cuestiones tan delicadas como el debate de si está “bien” o “mal” la adopción de menores por parejas del mismo sexo. Como hombres de limitada capacidad de conocimiento, no podemos contar que tenemos en un momento dado la verdad absoluta, pero por el mismo hecho de contar con razón, podemos intentar explicar, comprender y defender nuestra postura acerca de la verdad.

Fue por eso que defendí el derecho de la asistente de mantener su opinión sobre la adopción. No obstante, ahora me veo obligada a adoptar una opinión al respecto. Acepto que yo no tenía una postura clara, pero el domingo, mientras realizaba mi tesis, volví a la reflexión leyendo a John Locke y adopté una postura que intentaré defender con argumentos y no con la pasión.

John Locke tuvo un papel importante en el desarrollo del liberalismo, lo que de entrada, nos da una idea de su postura. El escribió varias obras, no obstante, sólo me referiré a lo escrito por él sobre “el poder paternal”.

En este capítulo contenido en su obra, Segundo ensayo sobre el gobierno civil, Locke habla entre otras cosas del poder paternal, para refutar el apoyo del gobierno monárquico desde la creencia de que los padres (varones) tienen un poder ilimitado sobre los hijos.

En primer lugar, sostiene Locke, que es injusto dotar de un completo poder al padre, puesto que la madre tiene la misma autoridad sobre el cuidado de los hijos.

De ahí que no pueda hablarse de una autoridad absoluta del padre (varón) sobre su hijo.

No obstante, el poder de ambos padres, no puede ser tampoco considerado de forma absoluta.

Todos los seres humanos somos iguales, también los niños, pero no desde su nacimiento, ya que la igualdad entre los hombres, se manifiesta por el uso que todos tenemos de la razón; y los niños al nacer, aun no cuentan con entendimiento y razón que les permita conducir su voluntad  por el mejor camino.

Es por esto que Locke entiende la libertad como aquél estado en que los hombres, al hacer uso de su razón, pueden dirigir su voluntad conforme a la ley de Dios, la cual ordena que los hombres vivan felices en sociedad, sin dañarse los unos a los otros.

Es el concepto de libertad que conocemos: la libertad es hacer lo que uno considere lo mejor, siempre y cuando no dañe a los demás.

Un hombre no puede ser libre si los otros hombres atentan contra él, o si el atenta contra los demás.

Un niño que llega al mundo sin conocimiento de esta “ley de dios” como la nombra Locke, o la ley civil de un Estado, no puede ser alguien libre, puesto que al desconocer la ley, y al no desarrollar completamente su razón, puede conducirse hacia lo que no es bueno para él y para los otros.

Así encuentra Locke que el deber de los padres es el de dar sustento, educación y protección a sus hijos hasta que puedan adquirir esta condición de hombres libres que se rigen bajo la razón de la ley natural, o cumplir con la edad para adquirir la ciudadanía, que en México es de 18 años, bajo la ley civil.

Los locos o los idiotas que por defectos naturales no pueden hacer uso de la razón, y pueden atentar contra si mismos o contra los otros, nunca perderán así el gobierno de sus padres o la tutela del Estado.

Pero por ejemplo, cuando un niño no tiene padres que cuiden de él y dirijan para bien su voluntad, Locke señala que las leyes positivas de los Estados deben velar por su tutela.

Es por esto que los niños sin padres en los estados actuales, pasan a ser jurisdicción del Estado y el Estado debe en lugar de sus padres, darles un sustento, educación y protección adecuados.

Pero además del Estado, el niño que se queda sin sus padres biológicos, puede contar con la tutela de otras personas que garanticen en lugar del padre, su protección y educación, hasta el momento en que el niño pueda valerse por si mismo, puesto que:

Muy poco poder da al hombre el mero hecho de engendrar una criatura, si todo su cuidado terminara allí y éste fuera el único derecho que tiene al nombre y autoridad de padre. (Locke 2002, 47).

 Pero ¿estará bien que dos personas del mismo sexo den esta educación, protección y sustento a un niño, cuando los padres biológicos no pueden dárselo?

Yo sostengo que sí puesto que el fin de los padres no es el de definir la preferencia sexual de sus hijos:

“El poder paterno no va más allá de imponer la disciplina que le parezca más eficaz para darles fuerza y salud a sus cuerpos, valor y rectitud a sus mentes, según mejor convenga para que los hijos sean útiles a sí mismos y a los demás.” (Locke 2002, 47).

El fin de la autoridad de los padres sobre sus hijos, es el de brindarles amor, protección, alimento, vestido, vivienda etc., hasta que puedan convertirse en hombres libres, tomen sus propias decisiones y puedan brindarse los medios de subsistencia de forma propia. Nunca la autoridad de los padres consistirá en obligarlos a creer o actuar de determinada manera. De ahí que un tutor pueda ser cualquiera, hombre o mujer, dos hombres que se aman o dos mujeres que se aman,  siempre y cuando ellos mismos sean hombres y mujeres libres.

Por eso el Estado al permitir la adopción, sólo lo hace cuando se verifica que la pareja que busca hacerlo, son personas responsables que pueden garantizar la vida digna del niño.

Hasta el día de hoy no sabemos con certeza las causas de la homosexualidad, no sabemos si es “mala” o “buena” per se. Creemos que todas las personas pueden hacer lo que deseen mientras no dañen a los demás. Por lo tanto,  pueden adoptar a un niño, siempre y cuando, puedan ser capaces de conducir al niño al estado de su libertad.

Si se tuvieran pruebas fehacientes de que la condición de la homosexualidad y su influencia sobre otros, impide que una persona en desarrollo pueda ser una persona libre, entonces el Estado tendría una razón para impedir la adopción legal de menores.

Locke era religioso, y tal vez pudiera manifestar una opinión contraria con respecto a la adopción por homosexuales, no obstante, también fue un teórico político muy importante, y es claro que estos argumentos, que el mismo expuso en la obra más sistemática de sus ideas, son útiles para defender esta postura de tolerancia. Probablemente sin su particular postura religiosa nunca hubiera escrito lo que escribió, recordemos finalmente que las creencias religiosas, también merecen de tolerancia.

Si no permitiéramos la adopción de menores por parejas del mismo sexo, negaríamos la condición de igualdad y de libertad a la que todos los hombres tenemos derecho por el simple hecho de ser hombres.










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