miércoles, 22 de enero de 2025

La consumación de la injusticia

Tocaron la puerta del departamento. Eran dos abogados. Una mujer y un hombre. Eso recuerdo. Entregaban un papel a mi madre y decían que debíamos irnos, desalojar. Entendí que pasaba. 

Lloré, como nunca antes recordaba haber llorado. 

Lloré muy fuerte para que vieran mi dolor, lo mal que estaba todo ello. 

Esa fue la solución que se me ocurrió, causar compasión, lástima.  

Corrí a mi cuarto. Entendí lo que pasaba. Ese llanto no serviría de nada. Seguí llorando imaginando que al menos Dios escucharía.

Qué duro observar por primera vez la consumación de la injusticia. 

La impotencia de no poder detener algo que no debe ser siendo.


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