Y como no puedo hacerlo, tendré que escribirlo. Tengo ganas de reventar un florero, aventar el sándwich a la pared, clavar un cuchillo en un ladrillo y rasgar después el colchón. No puedo evitar sentir ganas de gritar y acabarme la garganta, tocar el claxon desesperadamente, llorar por horas y reír después, tanto que vuelva a llorar.
Quiero quitarme el zapato y lanzarlo al vacío, con tanta fuerza, con tanto odio. Quisiera golpear todo con mis nudillos sin fracturarlos. ¿Efectos secundarios o síntomas? Ya no lo sé.
Escribo en este blog para dejar salir algunos pensamientos; ideas que por las noches no me dejan dormir. Son destellos que durante el día me mantienen exhausta porque no logro comunicarlas, pero ahí están, desde hace años. Necesito expresarme de alguna forma antes de que ellas se vuelvan tumores o agua estancada. Fluir pero también salirme de mi cabeza; conectar si es que a alguien le hace algún sentido.
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